22-28 de Febrero de 2010: Circuito de los Cóndores II

6 día: Termas - Valle del Indio (22 km.)

3:34 de la mañana. Siento como el suelo comienza a temblar, primero suave y poco a poco va aumentando de intensidad. Mil pensamientos se me pasan por la cabeza, pero realmente no sé que está ocurriendo. Miro a mi compañero de carpa y me tranquiliza al decirme que es un terremoto, algo normal en Chile. Pero cada vez el movimiento es más fuerte, acompañado además de un ruido indescriptible que proviene del interior de la tierra, y parece no acabar nunca. Se escuchan varios desprendimientos en los alrededores y un sonido semejante a una explosión en dirección a los volcanes. Esto finalmente hace que nos pongamos en alerta, ya que no paro de pensar que el volcán va a entrar en erupción, pero progresivamente la intensidad del temblor va bajando y todo vuelve a la calma.

La noche se hace eterna, pues continua habiendo temblores aunque menos fuertes. Una vez empieza a amanecer ya estamos todos en pie, dispuestos a continuar nuestro camino sin demora, pues lo que ha ocurrido no es normal y lo mejor es regresar lo antes posible.

Al grupo se suma una pareja de polacos que llegó el día anterior, y que piensan completar el circuito al igual que nosotros. Nadie conocía la ruta, pero con los mapas y las indicaciones de los arrieros esperábamos no tener problemas.

Empezamos siguiendo el curso de un río, que teñía de verde un paisaje por lo general desértico. Todo el camino cruza lugares de belleza insólita, que hacen que nos sintamos por momentos en la luna. Después de 4 horas se nos presentó una bifurcación de caminos, y optamos finalmente por tomar dirección este, ya que parecía el más corto para regresar.

No había una ruta clara, pero por orientación sólo nos quedó dirigirnos siempre hacia el este. De esta forma, no encontramos más salida que la de ir remontando los cerros que se nos presentaban de frente. La sorpresa fue que, una vez en la cima de uno de ellos, conseguimos tener una vista clara de los volcanes, que aparecían con grandes fumarolas. Esto hizo aumentar el nerviosismo en el grupo por el miedo a una posible erupción, sumándose al riesgo de que ocurriese una replica mientras caminábamos y se produjera algún desprendimiento de rocas.

Subiendo y bajando montañas, pero sin saber seguro donde nos encontrábamos, cada vez se iba haciendo más tarde y el cansancio se notaba en el grupo. Además pensábamos continuamente en la preocupación que debía tener nuestra gente, si por casualidad se enteraban de lo que estaba pasando en la montaña. Después de avanzar algo más, logramos ubicarnos más o menos, y en un último esfuerzo alcanzamos otra cima más, viendo por fin el comienzo de un valle que esperábamos que fuese el Valle del Indio, ya cerca del Parque Inglés, nuestra meta.

Una vez allá, se consiguió captar señal de radio, y fue cuando nos quedamos paralizados al escuchar la verdadera magnitud del terremoto. Las noticias no estaban del todo claras, pues la luz y las comunicaciones de casi todo el país estaban cortadas, pero no eran para nada esperanzadoras. Sólo se hablaba de pueblos destruidos y miles de desaparecidos. Esto realmente cambiaba la situación, siendo el único objetivo llegar cuanto antes a reunirnos con nuestra gente.

El problema era que ya estaba anocheciendo y poco más se podía hacer, por lo que decidimos que lo mejor era descansar y recuperar fuerzas para conseguir llegar al día siguiente. Descendimos hasta el valle donde encontramos un buen lugar para pasar la noche, acompañados todos de una gran angustia.

7 día: Valle del Indio - Parque Inglés (17 km.)

Otra noche llena de pensamientos que apenas nos permitió dormir, aunque al menos pudimos descansar las piernas. Nos obligamos a desayunar algo, pues no pensábamos parar hasta que llegásemos a nuestro destino. El paisaje de día dejaba pocas dudas de donde nos encontrábamos y, nada más comenzar a caminar, empezamos a ver los primeros signos de civilización. Al no encontrar ningún sendero pero si el principio de una pista forestal, decidimos seguirla, pues probablemente llegase hasta el Parque Inglés, aunque no aparecía en el plano.

La marcha se hizo fácil por la amplia pista y además era en bajada, comenzando poco a poco a internarse dentro de un denso bosque. El entorno era agradable pero las ganas de disfrutarlo no acompañaban, y solo había un único pensamiento.

La vista de una casa y el ruido de una motosierra nos alegró al indicarnos que ya estábamos cerca de algún sitio habitado. Pero nuestro avance se detuvo por una valla metálica que rodeaba toda la propiedad, llevándonos de vuelta al triste mundo real con sus propiedades. A lo lejos se acercó el propietario, que de malas maneras nos abrió el portón. Por la situación no apetecía entrar en una discusión, pero me quedé con ganas de decirle algo ...

El Parque Inglés apareció ante nosotros: algunos grupos de campistas se bañaban en las pozas y se divertían como si no hubiese pasado nada. Aunque la llegada de los carabineros y sus noticias procedentes de la ciudad nos volvieron a poner en nuestro sitio. Se comentaba que por una parte era mejor quedarse en el parque, pues en la ciudad no había agua ni abastecimiento de comida, pero nosotros sin duda decidimos bajar en bus.

El resto de la historia está narrado ya por Marie, pero resumiendo todo el grupo felizmente consiguió reencontrarse con sus familias y conocidos, y yo igualmente con Marie y todos los demás, por lo que sólo hubo que lamentar perdidas materiales que visto lo ocurrido carecen de importancia.


Circuito Condores II

22-28 de Febrero de 2010: Circuito de los Cóndores I

La historia de este circuito comienza antes incluso de la llegada a Chile. Esto se debe a que fue uno de los primeros objetivos que me fije allá por el mes de mayo de 2009, mientras buscaba rutas de montaña para hacer por la región del Maule. Poco a poco se fue convirtiendo en una obsesión, y más aún cuando aparecía ante mi el imponente volcán Descabezado Grande, que se puede divisar desde la ciudad de Curicó.

Desde nuestra llegada a Chile no cese nunca de buscar gente para que me acompañara, pero la respuesta era casi siempre la misma: "¡estás loco weón!". Finalmente, a principios de diciembre, me decidí a publicar un mensaje en un foro de montaña, y conseguí contactar con un chico de Talca dispuesto a realizar la ruta que proponía. Como las fechas con las que contaba eran bastante fijas, entre el final de nuestro viaje por el sur y la llegada de mis padres, disponía tan sólo de una semana para llevarla a cabo.

La suerte fue que él también tenía esa semana libre, y además otros amigos suyos también nos acompañarían, así que con la fecha clara no quedaba más que esperar.

Llegó el día y, tras despedirme de Marie que empezaba justo con las clases, partí dirección Talca a encontrarme con mis amigos cibernéticos. Nos reconocimos enseguida por nuestro aspecto montañés, y cual sería la sorpresa cuando él se dio cuenta de que ya nos conocíamos. Yo no le recordaba debido a mi mala memoria para las caras, pero resulto ser uno de los ciclistas que conocimos en el bus justo el primer día de nuestra llegada a Chile y que muy amablemente nos habían invitado a pasteles típicos chilenos. Muchas veces me había arrepentido por no pedirle su celular en esa ocasión, pues había sido uno de los pocos chilenos que conocí apasionado por la montaña. Felizmente el destino finalmente nos reunió de nuevo.

Después de las presentaciones de todo el grupo tomamos el bus dirección Vilches, donde comenzaríamos la ruta.

1 día: Vilches Alto - Valle el Venado (23,4 km.)

Nada más bajar del bus ocurrió el primer contratiempo: la carpa que llevaban se les quedó olvidada en la terminal de bus. Unos momentos de incertidumbre que se hicieron eternos y al final una decisión clara: ya no había vuelta atrás. La preocupación de como dormir llegaría en la noche, ahora sólo quedaba caminar. Después de pasar a la administración de la CONAF, donde tuvimos que dejar nuestros datos y la ruta que íbamos a seguir, nos internamos en la boscosa reserva de los Altos del Lircay.

Durante los primeros kilómetros se avanza en subida por un tupido bosque nativo, en el que destacan algunos ejemplares de gran tamaño. Poco a poco el paisaje se va abriendo y se llega a la quebrada del Río Claro, con unas impresionantes vistas de la cordillera donde resaltan imponentes el volcán Descabezado Grande y el Cerro Azul.

Con nuestros objetivos a la vista, emprendimos el descenso al valle por una bajada pronunciada y, una vez abajo, continuamos por un lindo arenal que recibe el apropiado nombre de La Playa.

Tranquilamente, pues el sendero era casi llano, alcanzamos el campamento del día en el Valle del Venado, donde pudimos descansar y prepararnos una reconfortante cena. A los cuatro valientes sin carpa no les quedo otra que vivaquear, esperando que no hiciese demasiado frío durante la noche.

2 día: Valle el Venado - Aguas termales del río Blanquillo (11 km.)

La noche no pasó sin contratiempos, ya que un visitante imprevisto hizo su aparición en forma de gran rata blanca. El resultado fue un tremendo agujero en la carpa y media tableta de chocolate menos. Después del malhumor de ver mi querida casita dañada, no quedó más remedio que superarlo y proseguir la ruta.

Esa mañana se añadió a nuestro grupo otro más, que andaba sólo porque su compañero se había lesionado y tuvo que regresar, y él no quería volverse sin llegar hasta el volcán.

Desde los primeros pasos el camino marcha en subida continuada, al principio por un bosque de robles y más adelante por una estrecha quebrada, delimitada por paredes de basalto y piedras de origen volcánico a cada lado.

Después de la dura subida llegamos a la laguna Blanquillo, que se nos apareció prácticamente seca y en donde aprovechamos para descansar un rato y reagruparnos. Continuamos el cauce del río, que hay que vadear varias veces, y se prosigue por un terreno puramente volcánico sobre piedra pómez, en un paisaje mágico que parece sacado de otro mundo.

Como a un oasis llegamos a las vegas del Blanquillo, que forman un verde pastizal y en donde había ganado lanar, caballos y hasta una alpaca. Y avanzando un poco más alcanzamos las deseadas termas del volcán, donde teníamos previsto acampar varios días. No eramos los únicos, pues había un grupo de 15 alemanes acompañados de guías y arrieros con sus caballos. Lo bueno fue que decidieron avanzar algo más ese día, y realizar otro campamento arriba, así que pudimos tener un poco más de tranquilidad.

Montamos un improvisado refugio para proteger del viento a los "sin techo", y con una lona pudieron resguardarse algo más del frío . Y bien temprano nos fuimos a dormir, pues nos esperaba un día duro.

3 día: Termas - Volcán Descabezado Grande - Termas (20 km.)

El día anterior habíamos planificado que lo mejor era salir muy pronto para lograr llegar a la cima sin demasiado calor. Así que dicho y hecho, a las 3 de la mañana o de la noche, según se vea, estábamos ya en pie. Un buen desayuno, cargarnos de agua y comenzamos a caminar a las 5 a la luz de las estrellas y nuestros frontales.

Prácticamente toda la ascensión discurre por piedra pómez, por lo que el avance se hace lento y agotador, debido a que es un terreno muy suelto. En los tramos de mucha pendiente se hace claro el dicho de: "avanzas tres pasos y retrocedes dos", siendo a veces muy desesperante.

Los últimos 1000 m. de desnivel sobre la ladera del volcán se realizan en un continuo zig-zag, hasta que se llega a una parte rocosa donde se avanza mejor, aunque casi hay que escalar. Todo este último tramo es el más duro, y el grupo se divide según el ritmo de cada uno. Yo prefiero un ritmo más constante que parar a cada rato, así que la cima me atrae inevitablemente y emprendo en solitario la última parte. Esto hace que llegue totalmente sólo a la cima y disfrute de unos momentos de increíble paz, junto al cráter de más de 1 km. de extensión y repleto de carámbanos o hielos en forma de penitentes.

La vista desde la cima a 3.830 m. es indescriptible, pues uno se siente realmente dentro de la cordillera de los Andes, rodeado de montañas cubiertas de hielo y volcanes. En primer plano destaca sobre todo el cráter del volcán Quizapu, que aparece imponente junto al Cerro Azul.

Después de la emotiva llegada de cada miembro del grupo, las respectivas fotos y un buen descanso, emprendimos el camino de regreso. En ocasiones se me hizo casi más duro que la subida, pues al deslizarse por la piedra pómez, esta se metía en la zapatillas y dañaba los pies. Finalmente conseguimos llegar al campamento mientras atardecía, disfrutando de los bellos colores y obteniendo nuestra recompensa en forma de baño en las cálidas termas y una contundente cena.

4 día: Descanso en las Termas

Nos tomamos todo el día de merecido descanso, disfrutando las termas, aprovechando a lavar ropa, dormir, ..., en fin, de puro relax. Además quedó totalmente justificado, ya que durante la tarde se levantaron unas amenazadoras nubes que nos pusieron en alerta ante una posible tormenta. Al final solo nos dejo bonitas imágenes y una fuerte bajada de temperatura, rondando los 0º C durante la noche.

5 día: Termas - Volcán Quizapu (22 km.)

La mitad del grupo decidió quedarse descansando otro día más, así que esta vez sólo tres partimos para conseguir llegar a la cima del otro volcán de la zona. Nos levantamos temprano, pues la aproximación era igualmente larga.

El camino no estaba tan claro como para el Descabezado, así que más bien por orientación fuimos avanzando dirección al otro volcán, mucho más pequeño. Fuimos atravesando paisajes desérticos, producto de su última gran actividad volcánica en 1932, subiendo y bajando cerros, e incluso atravesando alguna lengua de hielo y nieve digna de crampones y piolet.

Por fin alcanzamos el ansiado cráter, que refleja el gran poder de la naturaleza y desde donde se tiene una espectacular panorámica de los volcanes Descabezado Grande y Chico. Nos sorprendió también observar unas pequeñas fumarolas que salían de su interior.

De nuevo una pesada bajada por piedra pómez, que me hizo arrepentirme otra vez de no llevar botas altas y polainas, pues acabó por destrozarme las zapatillas, los calcetines y los pies ... Pero finalmente llegamos agradecidos de estar acampados junto a las pozas termales, que usamos para relajarnos en su rica agua por última vez.

Circuito de los Condores I

18 février 2010 : Punta Arenas et Ile Magdalena

Après nos cinq jours d'intense randonnée dans le Parc National Torres del Paine, et une bonne nuit réparatrice dans un petit hôtel de Puerto Natales, c'est à la fois avec nostalgie et fierté que nous avons pris le bus en direction de notre dernière escale : Punta Arenas.
Nostalgie car malheureusement, ceci signifiait : "terminus, tout le monde descend!!!", "Au travail!!!" (pour moi). Fin d'un voyage de rêve que l'on voudrait ne jamais voir s'achever...
Fierté d'avoir parcouru le Chili du nord au sud en moins de deux mois alors que tous nous disaient que c'était mission impossible. Certes, nous n'avons pas tout vu, c'est sûr mais nous nous sommes fait un bon aperçu... Fierté aussi car nous allons réussir à prendre notre avion (le soir même), réservé depuis un mois et demi. Nous sommes dans les temps!!!!

On nous avait prévenus : il fait rarement beau à Punta Arenas, en hiver il y a même des cordes sur la place d'armes pour que les gens puissent avancer sans tomber à cause du vent... Nous nous étions imaginé cette ville du bout du monde comme terrible, où les conditions climatiques empêchent toute activité... Finalement, Punta Arenas ressemble aux autres villes que nous avons traversées : avec son mall, sa place principale, ses petites boutiques, de belles maisons, une cathédrale... En plus commerciale tout de même, car la ville est libre de taxes ("duty-free") et toute une zone immense est dédiée aux boutiques, très fréquentées.

Dès notre arrivée, nous nous sommes empressés de réserver l'excursion-phare du coin : l'aller-retour sur l'île Magdalena, sur le détroit de Magellan, pour côtoyer durant une heure les pingouins de Magallanes. Et oui, nous avions lamentablement échoué sur ce point à deux reprises déjà : par manque de temps près de La Serena où il y a une réserve nationale permettant d'observer les pingouins de Humboldt et à cause d'une tempête empêchant la navigation sur l'île de Chiloé (Pinguinera Punihuil). Cette fois-ci, c'était la bonne : l'après-midi même, nous embarquerions pour l'île aux pingouins !!!

En attendant, petit tour dans la ville à la recherche de produits typiques (confiture de Calafate...) mais la visite avait un goût amer pour Miguel qui s'était aperçu le matin même de la perte de son k-way fétiche et qui voyait le temps gris d'un mauvais œil...

L'heure d'embarquer arriva et après deux heures de ferry, nous avons commencé à apercevoir les pingouins nageant à toute vitesse autour du bateau, puis nous avons découvert l'île qui semblait minée tellement il y avait de nids creusés par les pingouins à sa superficie... Sans parler du nombre impressionnant de pingouins qui la recouvraient, pas moins de 69 000 couples ! L'heure sur l'île est passée trop vite... Nous étions tellement près des pingouins que nous aurions pu les toucher, sous le charme de leurs postures, leurs démarches, leurs mimiques, leurs cris et leurs colères... Trop mignons!!! Tellement gauches sur la terre, alors qu'ils se déplacent à une vitesse incroyable en mer !!!
Les parents étaient arrivés en septembre sur l'île pour pondre et les petits étaient nés en novembre. Nous avons pu assister à leur mue, laissant de petits duvets de plumes un peu partout sur l'île, préparant déjà leur départ (en avril) vers les eaux côtières atlantiques et pacifiques.

Et c'était déjà l'heure de repartir... Comme si nous n'en avions pas assez de marcher (ou bien il faut croire qu'on avait peur que cela nous manque), nous sommes rentrés du port jusqu'au centre ville à pied avec nos sacs à dos. Enfin, en récompense pour tous nos efforts et afin de clore notre voyage, nous nous sommes offert un repas bien mérité dans un restaurant de buffet à volonté, l'occasion également de reprendre tous nos kilos perdus... Puis, direction l'aéroport pour remonter en quelques heures le chemin parcouru en près de deux mois et retrouver notre petite vie tranquille à Curico. Du moins en ce qui me concerne, car Miguel a encore devant lui un bon mois de vacances avec sa famille et ses amis....

Fin du voyage!!! Sniff, sniff!!! Je vais peut être pouvoir me reposer...?


Punta Arenas e Isla Magdalena

13-17 de Febrero de 2010: Torres del Paine II

3 día: Campamento Italiano - Mirador Valle Francés. 15 km (6 h.)

Este día vimos claro que iba a ser tranquilo, por lo que ni madrugamos ni nos dimos prisa para nada, aprovechando además que no teníamos que movernos de campamento.

Mucho más ligeros pudimos pasear tranquilamente por el Valle del Francés, rodeado por fantásticas formaciones montañosas coronadas de nieves perpetuas. El camino transita por un área boscosa, que va siguiendo el curso de un pintoresco río.

También disfrutamos de las impactantes avalanchas y el fuerte sonido que retumbaba en todo el valle, que hacía de caja de resonancia y lo aumentaba todavía más. Así que muy relajados por la tranquilidad de la jornada, recuperamos fuerzas para continuar con la marcha al día siguiente.

4 día. Campamento Italiano - Campamento Torres 27,5 km. (8 h.)

Otro gran día se levantaba, ni una sola nube en el cielo y casi nada de viento. Una suerte, porque según los lugareños, se pueden contar con los dedos de dos manos los días así durante el año. Lo habitual es que pases las 4 estaciones a lo largo de un día.

La primera parte de la ruta transita junto al Lago Nordenskjold, pasando de una vegetación arbórea a un matorral bajo y herbáceas. Paisajes patagónicos nos rodean, montañas nevadas y lagos, hacen que sea una maravilla caminar.

Posteriormente el camino gira hacia el norte y poco a poco vamos entrando en el valle, acompañados del Río Ascencio. La subida se hace algo dura pero muy entretenida, llegando sin problemas al Campamento Torres, que nos acogerá para la última noche en el parque.

Como Marie superó muy bien las fuertes pendientes del día, para recompensarla tocó ración doble de comida y un postre "especial" (mejor ver foto), pero con tan pocos ingredientes más no se podía hacer ...

5º día: Campamento Torres - Mirador - Laguna Amarga. 25 km. (6 h.)

Nuevamente estábamos de enhorabuena, el último día amanecía casi despejado y eso nos dio ánimos para emprender la subida que nos permitiría llegar al mirador de Las Torres.

Mientras ascendíamos por un empinado camino nos cruzamos con mucha gente que estaba de vuelta, lo que nos sorprendió mucho. Luego ya comprendimos que habían madrugado para ver el amanecer arriba, y nos dio algo de envidia y rabia por no haber hecho lo mismo ...

Algo decepcionados continuamos la subida, pero después de ver las magníficas moles graníticas que dan nombre al parque se nos fue pasando el enfado. Además tuvimos la suerte de disfrutarlas solos, pues no quedaba nadie de los que habían subido tan pronto, y al final pensamos que mejor así que rodeados de gente.

La alegría aumentó inevitablemente cuando de repente hizo su aparición el rey de los Andes, volando desde detrás de la Torre Central, deleitándonos con su majestuosidad y mostrándonos el lugar estratégico de su nido. Y por si esto no fuera poco, estaba acompañado por su fiel pareja. No pudimos despedirnos de mejor forma de las Torres del Paine que junto a una pareja de cóndores, a la que no pudimos parar de mirar durante más de una hora.

Después de tan grandes imágenes grabadas en nuestra mente y también en la cámara, emprendimos el camino de regreso, desmontamos nuestra casita y continuamos hasta la entrada principal del parque para poner fin a nuestro paseo patagónico.

Torres del Paine II

13-17 de Febrero de 2010: Torres del Paine I

El Parque Nacional Torres del Paine supone un ansiado objetivo, esperado desde el comienzo de nuestro viaje por el sur de Chile.
Prácticamente todos los cálculos durante el viaje los hicimos en función de reservar el mayor número de días para hacer senderismo en el parque. Gracias a la suerte que nos acompañó para recorrer la Carretera Austral y la Ruta 40 sin perder ningún día, logramos tener 5 días. Aunque al final no fueron suficientes para realizar el circuito completo denominado la "O", y tuvimos que conformarnos con la clásica "W" un poco ampliada.

1 día: Pudeto - Campamento el Paso. 23 km (9 horas caminando)

Habíamos reservado el bus de ida desde Puerto Natales el día anterior, y a las 7:00 ya nos estaba esperando en la puerta del hostal. Poco a poco se fue llenando, lo que empezó a asustarme por la temida masificación que esperaba encontrar en un parque tan famoso. Debido a esto y a que las condiciones meteorológicas iban a ir mejorando, decidimos hacer la ruta en dirección oeste-este. De esta manera evitábamos encontrar demasiada gente durante el camino, y teníamos la motivación de llegar a las Torres el último día.

El primer día empezó muy tranquilo, con un pequeño paseo hasta el Salto Grande mientras hacíamos tiempo para que zarpase el ferry con el que cruzaríamos el Lago Pehoé. Una vez en el ferry pudimos disfrutar ya de la primera vista de Los Cuernos, parcialmente cubiertos por las nubes. Fue increíble contemplar estas formaciones graníticas desde el medio del lago y el abanico de colores irreales que rodeaba todo.

Desembarcamos y empezamos a caminar por un sendero, guiados fácilmente por una buena señalización, lo que hace imposible perderse en todo el parque. Al rato de comenzar nos fuimos acercando lentamente a otra gran masa de agua, que recibe el nombre de Lago Grey. Este lago además esconde una gran sorpresa, que ya empezamos a sospechar por los pequeños iceberg que iban poco a poco apareciendo.

Por un lado un gran cordón montañoso con ventisqueros y por el otro el lago nos iban marcando el camino, siempre acompañados de una vegetación de media montaña, muy marcada por el fuerte viento y la nieve. A lo lejos lográbamos divisar el premio del día, el Glaciar Grey, que nos atraía inevitablemente más allá del primer campamento. Así que, aprovechando el gran número de horas de luz en territorio austral, nos internamos aún más en el Campo de Hielo Sur, deleitándonos con tan sobrecogedor paisaje.

Sin luz y sin fuerzas, pues el último tramo discurría por una subida mantenida, llegamos al Campamento el Paso agotados pero maravillados con todo lo visto durante el día.

2º día: Campamento el Paso - Campamento Italiano. 30 km. (9 h.)

Sabíamos que nos esperaba un día largo si queríamos cumplir el objetivo del día, pero la mañana se levantó realmente helada y se hacia muy duro salir del saco, por lo que esperamos que se calentará algo más el ambiente y con mucha fuerza de voluntad logramos empezar el día.

Para evitar ir con demasiada gente en el recorrido nos habíamos propuesto madrugar todos los días, aunque nos alegró ver que finalmente no había tanta como pensábamos, pudiendo disfrutar más puramente la belleza del lugar.

Retomamos el mismo camino, pero esta vez de regreso, dando la espalda al gran glaciar pero sin poder evitar echarle alguna miradita más de vez en cuando.

Llegamos de nuevo al punto de partida del día anterior cuando descendimos del ferry, y nos lanzamos sin descanso dirección a la recompensa de la jornada. Pues se alzaban frente a nosotros el macizo principal del parque, donde podíamos apreciar ya los Cuernos y el cerro Paine Grande.

Apurando de nuevo la luz y las fuerzas, finalizamos un día intenso en distancia, pero fue el precio a pagar por haber disfrutado de un recorrido más extenso que el circuito oficial. Y esta vez si que pudimos sentir la gran afluencia de visitantes, pues el Campamento Italiano se encontraba rozando el aforo máximo, y se hizo más complicado encontrar un sitio para plantar la carpa. 

Rodeados por el sonido de voces, logramos conciliar el sueño, aunque no fue una noche tranquila ya que nos encontrábamos en un valle con varios ventisqueros en los que se producían avalanchas, y el ruido que las acompañaba era realmente atronador.


Torres del Paine I
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